eMuseo del Sistema de Museos Virtuales

Sorprendido

Sorprendido por el éxito

Según entiendo, el eMuseo del Sistema de Museos Virtuales de la Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco (SMV UAM Azc) es un generador de imágenes educativas digitales que buscan vincular las “habilidades de ambos hemisferios”, “para decir lo que las palabras no dicen”. Su ámbito en la Red.
Sin embargo, es preciso aclarar que eMuseo no es una página útil en el sentido en que es útil, y a veces urgente, la localización de una ambulancia, de un policía, de una orientación para llegar a algún lado o salir de algún enredo, ni siquiera es un lugar donde encontremos la información de las últimas noticias del día para normar nuestros criterios del día siguiente, tampoco nos ofrece datos comparables a los de un simple recetario de cocina; decididamente, no es una página de consulta, ni descriptiva ni de ayuda en ningún sentido estrictamente pragmático. eMuseo tampoco es como las fichas que acompañan las obras de arte de los museos, en cuya copia de sus textos los niños se concentran tanto, que olvidan hacer su verdadera tarea: ver los cuadros mismos. Si es algo, eMuseo es el cuadro mismo. En todo caso, es como una página inútil donde todo lo que se ofrece es una actitud poética, si es que eso sirve de algo. En resumen, es inútil como es improductivo el arte para los insensibles. Lo intrigante del asunto es que parece que lo inútil empieza a ser necesario ya que, a juzgar por su inesperado éxito de audiencia en Internet, las gentes también precisamos de lo superfluo, de lo no directamente urgente o necesario.
¿Sucede acaso que introducir una actitud poética ya es posible en la Red?, y no sólo eso, sino que ¿es posible que la observen interesados regados por el mundo, más allá del pequeño grupo de “provincianos” de la localidad? ¿Estará pasando ahora en Internet lo que pasó ayer cuando los fotógrafos de sensibilidad artística le arrebataron la cámara a los técnicos pragmáticos en los momentos iniciales de la introducción de la fotografía a la cultura? ¿Es cierto que se puede lanzar una página de poética visual y tener una audiencia auténticamente masiva? ¿Llega hoy el arte a la Red como ayer llegó a la cámara fotográfica? En todo caso, deberíamos congratularnos ya que, a pesar de los innumerables problemas planteados por la vertiginosa evolución de una herramienta que ni remotamente alcanza su mayoría de edad (problemas planteados sobre todo a los advenedizos que no estudiamos informática), más allá de los asuntos pragmáticos, la cultura se está sensibilizando al medio de comunicación emergente.

Sorprendido por la poética visual

Pulsión por geometrizar

Se advierte una pulsión por geometrizar las formas. Se trata de juegos geométricos euclidianos que buscan reducir los cuerpos a la simplicidad de sus polígonos fundamentales; se trata de un juego reiterado de construcción y reconstrucción, de semillas de formas que crecen y se convierten en espacios escultóricos pletóricos de variantes, de cristales que construyen moléculas de organicidad meramente visual, de códigos genéticos formados por un alfabeto que construye una biología de formas meramente visuales, de morfogénesis animadas que buscan explicar el estado momentáneo del congelamiento de la forma. Se trata de diálogos que hablan a los ojos en una atmósfera de mosaicos, de teselados, que recuerdan la pasión de Escher (y sus fuentes matemáticas), o bien, se advierten polígonos de revolución que cristalizan en formas de alambre como las dibujan hoy los paquetes de 3D, o como las dibujaba Paolo Ucello en su vaso de alambre de mediados del quatrocento.
Veo aquí motivos formales que se aglomeran para formar arquitecturas dibujadas que no siempre quieren ser reales, muy a la manera de los “arquitectos revolucionarios” de la segunda mitad del siglo XVIII, como Boullé y Ledoux; se trata generalmente de arquitecturas abstractas para habitar con los ojos, que no con el cuerpo físico, si bien es cierto que, en esta atmósfera geométrica con tintes minimalistas, se vinculan y celebran los trazados geométricos basados en la rotación de cuadrados, con las pinturas de Vermer y con arquitectura recientemente realizada: las torres Petronas de Cesar Pelli en Malasia. Veo aquí un “llamado al orden” que recuerda visualmente las apasionadas invocaciones a la simplicidad en la adoración a Dios, señaladas por San Bernardo de Claraval para la arquitectura cisterciense o, más cerca de nosotros, a la modernidad temprana de Gino Severini y Jean Cocteau (“rappel à l'ordre”), así como la búsqueda de los sólidos filebianos (esferas, cubos y sólidos regulares mencionados en el Filebo de Platón), o del espíritu clasicista de “L´Esprit nouveau” y los puristas.

Geometrología y la estrella de David

Se observa también una especie de numerología o, más bien: una geometrología poética, vagamente inmersa en una atmósfera de cábala, de esoterismo, de misterio, una búsqueda nostálgica por replantear visualmente algunos misterios inexplicados del pasado. Actitud, no obstante, que busca tender puentes entre las visiones geométricas de Oriente y de Occidente. Se proponen asimismo análisis geométricos de seres biológicos que rememoran la época de la búsqueda obsesiva de la proporción áurea en la naturaleza, desde Lucca Paccioli hasta D’Arcy Thomson, Le Corbusier y más allá. Aquí, me parece, el sustrato matemático es más un pretexto para geometrizar la forma: un argumento para señalar que la forma está sujeta a ley, que la intención de alentar un conocimiento más profundo de las matemáticas. Para mi gusto, en el trasfondo, estas últimas se leen como poética visual.

Entre muchos motivos geométricos históricos, destaca el del cuadrado rotado e iterado a diferentes escalas pero, en particular, destaca la estrella de David que si –como se señala- divinizó al seis, no soñó con ir más allá de la primera iteración del triángulo para encontrar que, en el límite de las iteraciones, esa semilla se convertiría en una “curva patológica” fractal de perímetro infinito que, sorprendentemente, envuelve una superficie finita: la curva de Koch. Pues bien, ésta y la familia de formas patológicas escondidas desconcertadamente en el llamado “museo de monstruosidades matemáticas” de finales del siglo XIX, estas ecuaciones dieron lugar a “curvas monstruosas” que llenaban todo el plano, que no cabían ni en la linealidad ni en la bidimensional, y cuya existencia matemática era meramente fraccionaria, es decir, que no tenían ni cero ni una ni dos ni tres dimensiones. No obstante, sin esperar a que los matemáticos la descubrieran, el arte se ha venido tropezando durante la historia con la idea intuitiva de fractalidad (véase figuras 1 y 2).

fractals

terragen

 

Terragen

Terragen

Terragen

La tradición de la imágenes

iteración

Estrella de David, fractal

curva de von Koch koch

koch

koch

curva Koch

Koch

Koch

Koch

Koch Pira

Fractal

pirámide de Sierpinsky


Exige interacción pero impone un ritmo temporal

Por otro lado, la página exige romper el ritmo temporal rutinario para asumir el ritmo lento y unidireccional de sus objetos animados. Cuando la animación es máxima, es decir cuando las imágenes se mueven por sí mismas, la interacción de los usuarios es mínima y la actitud de pasividad se incrementa: las manos algo ociosas esperan impacientes para reiniciar la acción, y el diálogo entre dos (humano y máquina) se carga hacia el lado de la máquina. Empero, la página es exigente para quien la examina y, a pesar de mi crítica a la imposición de un ritmo lento (cosa que, reconozco, puede ser una virtud para quien la necesita), aquí, quien se queda quieto no sale en la foto, es decir, quien no inquiere no participa en este mundo visual…
Ahora bien, el medio digital, lo sabemos, exige un espectador activo y participativo, justo como debería ser nuestra renovada actitud hacia el aprendizaje, tal y como se alentaba en la universidad de los intelectuales del siglo XII donde todos: estudiantes y docentes, eran aprendices.


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